Los costes laborales unitarios (CLU) son un indicador dela competitividad de una región que pone en relación costes salariales y productividad: cuanto más altos sean los CLU menos competitiva es esa región.

En España,  los  costes laborales unitarios crecieron un 30% entre 2012 y 2019, empujados por el intenso crecimiento de los salarios que no fue compensado por un incremento de la productividad.

2019 supuso un punto de inflexión, ya que los CLU frenaron su crecimiento por la moderación salarial y una mejora de la productividad consecuencia de la intensa destrucción de empleo. Acumulado, en lo que llevamos de siglo, los CLU en España han aumentado un 24,7%, frente al18,7% de media registrado en la UE, lo que supone una merma de nuestra competitividad.

Aun así, en el caso español hay regiones, como Navarra o País Vasco, que demuestran que es posible una mejora de la competitividad en paralelo a un crecimiento de los salarios siempre y cuando vaya acompañado de mejoras en los niveles de productividad.

la crisis del coronavirus ha roto esa tendencia; el empleo público no solo prácticamente se ha mantenido, sino que ha mejorado sus condiciones salariales, y previsiblemente registre crecimientos a finales de 2020 y en 2021. Mientras, el turístico es el sector más afectado, con cientos de miles de empleados en ERTE o ya en ERE.

El último informe trimestral de análisis del mercado de trabajo, de la Secretaría General de Empleo y Economía Social, refleja ya este cambio de tendencia en el mercado laboral español.

En términos anuales, desde el inicio de la recuperación en 2014, "el empleo asalariado privado ha venido concentrando la mayor parte del empleo generado, mientras que en el sector público ha aumentado en menor cuantía", indica el informe. En el segundo trimestre de 2020, sin embargo, "desciende un 7,4% en el sector privado y un 1,0% en el sector público".

En resumen, el fuerte crecimiento de los CLU a lo largo del siglo XXI ha afectado negativamente a la competitividad la economía española.  Si bien en los años de crisis ha mejorado la competitividad, todavía no se ha recuperado la brecha que se abrió con la UE en los años de expansión. En consecuencia, es necesario que en los próximos años   las subidas salariales vayan acompasadas con la evolución de la productividad.

Por tanto, la productividad es la variable que debe centrar las reformas estructurales y los esfuerzos de inversión en sus determinantes  (I+D, educación, internacionalización, activos intangibles, funcionamiento del mercado de trabajo,  tamaño  empresarial,  aumento  de la competencia, etc.).  Solo con ganancias de productividad es posible al mismo tiempo mejorar la competitividad y los salarios.

Ref.: Anuario Estadístico de España 2019, Mercado laboral, del INE

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